Un Día en el Buñol de Máximo Huerta.
Introducción
Las ruinas de la cementera nos dan la bienvenida y pensar que el artista Okuda quiso pintarla y no le dieron la oportunidad, cómo hubiera cambiado el paisaje, sin duda la entrada al pueblo de Buñol sería multicolor y no propio de Mad Max.
Después de muchos años oyendo hablar del pueblo y su famosa Tomatina de Buñol, hoy por fin voy a conocerlo. He quedado para entrevistar a Máximo Huerta, uno de los ciudadanos más ilustres de Buñol, conocido por ser periodista, presentador y escritor. ¡No puedo estar más feliz con la entrevista y la visita a su tienda La Librería de Doña Leo! Pero antes voy a seguir sus recomendaciones y recorrer el pueblo.
“La literatura debe ser evasión” Máximo Huerta
Capítulo 1: Recorrido por Buñol
Es invierno, aunque el sol calienta a la sombra hace fresquito, se nota en los grados de menos que Buñol es un pueblo de interior. Es bastante más grande de lo que me imaginaba y está repleto de amplias casas blancas encaladas.
Nuestra primera parada es el Castillo de Buñol. Accedemos a éste por la parte alta, su torre central nos da la bienvenida y nos hace pasar a la Plaza de Armas, una preciosa plaza con viviendas enclavadas entre las dos torres que la bordean. No puedo dejar de imaginarme cómo sería vivir en una de esas casas y cómo pasaría las noches de verano a la fresca disfrutando de los conciertos que allí se organizan para la Bienal de Música de Buñol.
Pasamos el puente de piedra que nos lleva a disfrutar de unas maravillosas vistas panorámicas de la localidad y al recinto inferior del castillo, dónde se encuentra la Torre Mayor, el Museo Etnográfico y el Palacio Gótico que encontramos en reconstrucción. Paramos un momento a contemplar las hermosas vistas dónde destaca la cúpula azul de la Iglesia de San Pedro Apóstol, que me recuerda un poco a las cúpulas de la iglesia de Altea.
Continuamos bajando por la torre sur hasta el barrio del castillo, un entramado de angostas calles y plazuelas con casas blancas repletas de flores en las ventanas, que parecen sostener el peñasco del castillo y que nos transportan a la época medieval.
No es de extrañar que a Máximo este lugar le sea tan inspirador. Como también inspiró a Sorolla que visitó la ciudad y plasmó sus pintorescos rincones y gentes.
Es hora de comer, seguimos fielmente las recomendaciones de nuestro anfitrión y nos dirigimos a la Posada Venta Pilar, lugar donde el pintor Sorolla se solía alojar durante los veranos de 1890 a 1895. Esta posada de caballos del siglo XVII es conocida por su restaurante de comida casera tradicional a muy buen precio. Decidimos recorrer la posada, elegimos el menú que estaba muy sabroso y el café lo tomamos en el patio al sol.
Para bajar la comida volvimos a pasear por las calles del pueblo, nos entretuvimos contando sus numerosas fuentes y sus también numerosos hornos. Visitamos el Molino Galán, un edificio del XVIII que albergaba una antigua fábrica de papel que hoy aloja la Biblioteca Municipal y el Museo de la Tomatina. De camino al Parque de San Luís, nos saludan todos los buñolenses con los que nos encontramos, haciéndonos sentir muy acogidos. Este parque es uno de los pequeños pulmones verdes de la ciudad, es muy agradable, hay un yacimiento de agua con una fuente y una capilla dedicada al patrón del pueblo San Luis Beltrán, así como un espectacular auditorio al aire libre.
Lamentablemente no pudimos pasear por el Parque Fluvial, debido a los daños aún visibles de la DANA en la localidad. Lo mismo nos sucedió con Cueva del Turche, el Barranco de Carcadín y el Charco de los peñones. Me imaginé a Máximo apenado por no poder pasear a su perrita Leo por aquí, ni disfrutar de la ruta del agua de Buñol.
Se acerca la hora de nuestra cita con Máximo, tomamos la Calle del Cid conocida por formar parte del recorrido de la famosa Fiesta de la Tomatina, pasamos por delante de la iglesia, admiramos la plaza del pueblo, el Palacio de la Música, el Ayuntamiento y llegamos a La Librería de Doña Leo.






“Las librerías deben de ser un refugio para los lectores”
Capítulo 2: La Librería de Doña Leo
La fachada de marquetería azul aguamarina de la librería de Doña Leo, llamada así en homenaje a su querida perrita, me recuerda a la librería francesa La Belle Hortense situada en la rue Vieille du Temple y aunque sé que está inspirada en las librerías de la calle del Sena, también podría ser una de esas librerías encantadoras del barrio de Nothing Hill como The Nothing Hill Bookshop. Pero no, es la librería del escritor Máximo Huerta, situada en pleno corazón de Buñol, su pueblo, un lugar que invita a entrar y a ser una guarida para el deleite, la conversación, la fantasía, la calma y el disfrute.
A simple vista, desde fuera, se observa lo bien pensado y cuidado que está cada detalle. Y una vez dentro esta idea se confirma. Una mesa central de madera expone las últimas novedades, junto con los superventas, libros conocidos y joyas de la literatura de hoy y siempre. Las negras estanterías se alzan apoyándose en las paredes siendo acompañadas por encantadores detalles vintage como lámparas, percheros, cómodas, sillas, radios y flores que indican que estás en tu hogar.
La música francesa nos invita a pasear por la sala, deslizarnos e incluso bailar mientras curioseamos las joyas literarias del lugar. Nuestros ojos no dan abasto mirando cada detalle, cada particularidad, dejándonos sorprender por el ambiente y la selección de libros que están ordenados, pero a la vez mezclados, dónde puedes encontrar juntos a Agnès Martin-Lugant y Pierre Lemaitre. Una librería sin prejuicios, para todo el mundo donde cada autor, sello y editorial es respetado y cada cliente sea cual sea su edad y gustos encuentre el libro adecuado.
Pero sobre todo lo que se nota en La Librería de Doña Leo es alma y calor, es una librería pequeña que cuenta una historia, un lugar evocador y acogedor como su dueño y su equipo Yolanda y Dani.
Hablando de su dueño, Máximo está en la librería, lo sorprendemos comiendo una manzana a bocados, nos saluda con naturalidad. Es más alto de lo que imaginaba, viste informal con una rebeca verde y un vaquero beis, ahora lleva el pelo más largo y unas gafas de carey que me encantan. Con su dulce sonrisa Máximo nos invita a tomar un café para poder charlar tranquilamente.

“Las librerías por el material que tienen, que es explosivo, deben ser un lugar bonito, no son un almacén”
Capítulo 3: La Entrevista
Siempre me ha caído simpático Máximo, ya desde sus inicios cuando aparecía en el telediario y poco después cuando pasó a copresentar con Ana Rosa, ya me caía bien. Más tarde cuando sus libros cayeron en mis manos me terminó de encandilar.
Máximo tiene esa aura de chico bueno pero pillo a la vez, que sabe camelarse a la gente con su candor y su sinceridad.
No sé a ciencia cierta cuándo supe que Máximo era valenciano, pero me encantó saber que era de la terreta. Además con el tiempo también supe que coincidíamos en muchas cosas, ambos hemos estudiamos en la misma facultad, amamos la literatura, la ciudad de Paris, las cosas bonitas, tenemos algún que otro amigo en común, veraneamos en el Albir y nos encanta dar paseos por el camino viejo del faro y disfrutar del mar.
Así que hacerle una entrevista y poder charlar con él ha sido un sueño hecho realidad.
No negaré que estaba muy nerviosa, pero cuando admiras a alguien los nervios son algo que no se puede evitar.
***
Nos trasladamos a una cafetería cercana a la librería. Sentados alrededor de una mesa de mármol con patas de hierro tomamos un cortado y una manzanilla, iniciando el baile de preguntas y respuestas en una agradable charla donde el escritor nos habla desde el corazón.
¿Cuándo empezó tu amor por la literatura?
“De niño, soy hijo único y un tipo de los 70, con el primer libro que me regalan empieza mi idilio. Aún conservo todos los cuentos y con el primero empezaron mis ganas de seguir leyendo más y hacer los míos propios también”.
¿Siempre habías querido ser escritor?
“Me gustaba contar historias, pero yo no sabía que era ser escritor en aquella época, eso lo aprendí mucho más tarde. De niño al mismo tiempo que leía hacía mis cuentos. Luego me di cuenta de que eso que yo hacía, también lo hacían otros escritores en su infancia. Ana María Matutes por ejemplo, escribía cuentos y los ilustraba, y yo también lo hacía, hacía mis dibujitos, mi portada, mi todo, yo me auto-editaba” –ríe.
Hablando de infancia ¿cómo fue tu infancia en Buñol?
“Una infancia paralizante, porque las infancias dependen de cómo son los padres. No éramos una familia de jarana, de fiestas ni celebraciones. Yo recuerdo una infancia en la que a mí me gustaba ir al colegio porque era lo extraordinario. También recuerdo que aprendí a leer muy pronto, a los 4 años, fui al colegio sabiendo leer, porque mi madre leía conmigo”.
¿Qué diferencia notas de esa etapa en Buñol con la de ahora, al haber vuelto tras haber triunfado como escritor?
“Que ahora soy más observador, antes todo me parecía normal y ahora observo más y soy mucho más disfrutón, también vivo con más calma”.
¿Qué significa escribir para ti?
“Escribir es una manera de ajustar cuentas, de evasión, de intentar explicar, una manera de contar o de contarme también”.
¿Y de todos tus libros cuál dirías que es tu favorito?
“Todos son mis hijos, pero supongo que Adiós pequeño, por lo que significa. Y también porque los lectores a partir de ahí tuvieron una mirada distinta con respecto a mí. Es un libro que no iba a publicar y que luego se llevó un premio. Es mi libro más íntimo, es mi historia convertida en novela. Un libro importante para mí y un homenaje a Platero y yo, ya que en vez de ser la historia de un escritor con su burro es la de un escritor con su perra”.
Muchas de tus novelas se centran en París ¿qué tiene esa ciudad que te inspira tanto?
“No todas mis novelas se inspiran en París, lo único que hace mucho ruido París y a mí es una ciudad que me gusta, se resume en algo tan sencillo como que me gusta la historia de la ciudad, la cultura que ha generado, la música, cómo es, su belleza… Muchas de mis novelas suceden allí, otras muchas se centran en el mar y también en el pueblo. Creo que estos serían mis tres pilares fundamentales”.
¿En qué cosas te inspiras para escribir?
“No lo sé, pasear con mi perra, escuchar a mi madre, con amigos, mirando otros libros, mirando películas, series, pintando… la inspiración está en cualquier lugar, en todos los sitios, todo ayuda y todo sirve y cualquier conversación a lo mejor acaba en una novela.” –sonríe cuco, como si fuera a salir una de la nuestra.
¿Cuál es tu rutina como escritor?
“Escribo todos los días, si no el nervio y la temperatura de la novela se va, si estoy escribiendo una novela tiene que ser todos los días a la misma hora, es un oficio, no hay musas, no hay nada más que horas. No tengo ni fetiches, ni rituales… más que un ordenador que abro y una libreta en la que sí que he creado la novela previamente con todas las ideas”.
¿Qué parte del proceso de una novela disfrutas más?
“Depende de qué novela, en París despertaba tarde fue muy gratificante la documentación porque a mí me gusta mucho y soy un apasionado hasta el paroxismo de los años 20. Ver documentales de esa época y leer libros fue muy divertido, volcarlo en la novela ya no tanto. Porque un exceso de documentación puede ser peligroso, hay que tener cuidado. Yo disfruto en una novelas escribiendo, en otras documentándome, en otras corrigiendo, depende cada una el momento de disfrute es distinto”.
¿Qué libros te han marcado?
“Los clásico me han marcado todos, desde Moby Dick a Gatsby, en mi infancia me marcó mucho Platero y yo… y luego hay autores que me han marcado como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Luís Landero, Vila Matas, David Foenkinos… como ves muchas fuentes distintas”.
¿Piensas que los libros llegan a uno en el momento adecuado?
“Sí, he leído libros que no me han encajado en un momento determinado, por ejemplo El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. Cuando lo empecé a leer me pareció un tostón, lo dejé y 3 años después lo volví a releer y me marcó tanto que es el libro que más he regalado. Un libro debe coincidir con tu estado de ánimo, momento vital, ganas, nivel de estrés… el libro no tiene la culpa de encajar o no, la tienes tú y el momento por el que estés atravesando” –dice mientras asiente con la cabeza y da un sorbo a su café.
¿Qué tipo de literatura consumes?
“Muy literaria. Te puedo decir lo que no me gusta tanto, no me gusta mucho el thriller, la novela policiaca o negra, la ciencia ficción, la histórica puede llegar a cansarme, me gustan las novelas de sentimientos con detalles del día a día. Estos son mis gustos, aunque tengo que leer de todo por la librería”.
¿Cómo definirías tu librería?
“La librería hace referencia a mi perra que fue recogida de un refugio, por eso yo quería que mi librería fuera un refugio para los lectores, que se sientan acogidos vengan de donde vengan, da igual la raza, como los perros. Yo quiero que la librería sea un lugar acogedor en el que puedas estar” –dice mirándome directamente a los ojos, convencido de su verdad.
¿Te inspiraste en otras librerías para crear la tuya?
“Yo viajo mucho solo porque me divierte y entro en librerías a comprar en idiomas que no he leído. Y siempre he querido que aquí en mi pueblo hubiera una con aspecto de las que a mí me gustan, una librería que no sea un supermercado, sino que fuera una librería en la que estás cómodo, como en un buen café, que la librería sea pequeñita pero tenga algo”.
¿Cómo eliges los libros para La Librería de Doña Leo?
“Yo no tengo prejuicios, hay muchos libros y muchos tipos de personas y todo el mundo que entra en la librería debe encontrar algo para él. Busco libros para todas las tallas, románticos, para adolescentes, novela negra, histórica, literarios… y me gusta mezclarlos. No hay que tener prejuicios respecto a la literatura, algunas librerías en las que he entrado el librero juzgaba por autores, sellos, editoriales y me parece detestable”.
¿Qué piensas de los libros digitales?
“Tengo tres, pero ni los he abierto, no me interesan. Además las personas que tienen libros digitales normalmente roban, piratear es mucho más elegante, hay que decir robar”–enfatiza enérgicamente.
Terminamos la charla comentando las ventajas y desventajas de la IA y varias recomendaciones de libros. Ha sido muy amable, no quiero robarle mucho más tiempo.






“Para ser escritor hay que leer mucho, subrayar, fijarte, releer, estudiar como están los libros…”
Capítulo 4: De vuelta a la librería
Máximo nos lleva de vuelta a su tienda, es igual de bonita que antes, pero ahora tras la conversación con él nos parece mucho más bella. Este viejo horno de panadero reconvertido en librería se ha convertido en el latido de la ciudad.
Deambulamos observando las fotografías colgadas en las paredes y las diferentes estanterías repletas de obras de novela negra, literatura francesa, romántica, infantil… admiramos la colección de libros ilustrados, novela gráfica y nos fijamos en que autores como Dolores Redondo, Elvira Lindo o Antonio Muñoz Molina tienen su propio espacio. Como su madre, a la que el escritor homenajea conservando sus primeros libros, como un auténtico tesoro, agrupados en una de las estanterías superiores de la librería.
Nos llama la atención la selección de libros clásicos y la de viajes, pero sobre todo nos enamora la sección de libros sorpresa; una selección de libros que realiza el escritor y que espera sea del agrado del lector. Están envueltos, por lo que no podemos juzgarlos por su cubierta, simplemente tenemos que dejarnos guiar por la intuición y elegir uno.
Carteles con la programación de eventos de Buñol y presentaciones de libros, se mezclan con las portadas de los libros del autor, postales de Sacré Cœur combinadas con las de La Librería de Doña Leo y bolsas de merchandising.
No dejamos de mirar, coger libros y releer contraportadas… me llevaría la librería entera a casa, pero hay que elegir. A Máximo se le nota que le gusta estar en la librería, saludar a los lectores y recomendarles libros, es muy amable con los clientes.
Finalmente nos decidimos por varias obras que él nos ha recomendado, uno actual El verano en el que mi madre tuvo los ojos verdes, uno clásico de Maguerite Durás, uno sobre escritura y el poder transformador de las historias y otro de la selección de libros sorpresa, que elegí seducida por la frase escogida para presentarlo “la belleza de las vidas conectadas”. También nos decantamos por comprar varios ejemplares de la última novela del escritor París despertaba tarde así como el de Mi pequeña librería en homenaje al día pasado allí. Máximo nos firmó y dedicó cada uno de ellos.
Salimos del refugio de Doña Leo con el corazón henchido y las manos llenas con las bolsas y paquetes más bonitos que hemos visto.

“La librería es mi lugar en el mundo”
Capítulo 5: Despedida
Nos despedimos de Buñol ya de noche, la jornada ha sido encantadora. Recorrer sus calles, conocer sus monumentos, conectar con su bello entorno, disfrutar de su gastronomía, ver el día a día de los buñolenses, entender su carácter afable y su pasión por la música y la literatura, es algo que no vamos a poder olvidar fácilmente.
Como tampoco vamos a poder olvidar haber visitado La Librería de Doña Leo, una librería francesa con un alma tan bonita como la de su dueño. Un lugar que te acuna y que en poco tiempo se ha erigido como centro neurálgico de la cultura en la ciudad, albergando presentaciones y charlas de libros de grandes autores, los viernes de literatura y vino y convirtiéndose en el refugio de todos. Y mucho menos vamos a poder olvidar a su propietario, Máximo Huerta, haberle conocido y entrevistado ha sido un honor y un privilegio por el que nos sentimos profundamente agradecidos.
La librería de Doña Leo es un proyecto pequeño, en un lugar pequeño, una bonita iniciativa que admiro profundamente. Un lugar que respira un inmenso amor por la literatura en cada uno de sus poros y un reciente emblema de la localidad. Sin lugar a dudas, no puedes irte de Buñol sin visitar este lugar.
Gracias de corazón Máximo, eres un gran periodista, escritor y librero, pero sin duda alguna eres mucho mejor persona.
Enhorabuena por el trabajo a ti y a tu equipo, nuestro día en tu ciudad ha sido sensacional.
***
Salimos de Buñol viendo por el retrovisor del coche las lejanas luces de la ciudad. Sonreímos y prometemos volver.
FIN
Tengo que volver, porque las dos veces que he ido ha sido para disfrutar de la Tomatina y veo que merece la pena
Claro así conocerás un Buñol más reposado. Yo tal vez me anime a ir en la Tomatina ; )
buena gente y buen pueblo!
¡Así es, no lo habría descrito mejor!
Mil gracias por comentar
xxx
siempre lo he dicho, que gran político nos hemos perdido. pero en este país la cultura da miedo.
genial artículo
La verdad es que sí, pero creo que las cosas pasan por algo y la política no le merece.
La cultura es lo contrario del opio para el pueblo. Y a mí la cultura me hace inmensamente feliz.
He disfrutado mucho visitando Buñol y escribiendo sobre él. Me alegra que hayas disfrutado al leerlo.
Gracias de corazón por comentar xxx
Estuve en Buñol hace unos años y disfrutamos mucho paseando por sus calles y castillo. Hay mucho qué ver más allá de la Fiesta de la Tomatina. Me ha encantado la entrevista a Máximo Huertas, se le ve muy cercano, además de un gran escritor. Un saludo
Coincido contigo es una ciudad con mucho encanto, la parte del castillo es muy bella, la plaza de armas me enamoró, así como el Parque de San Luis… hay mucho más que la famosa tomatina y fue genial darme cuenta de primera mano.
La verdad es que disfruté mucho conociendo Buñol, la Librería de Doña Leo y con la entrevista, Máximo es muy amable y muy auténtico ha sido un gran honor y una gran suerte poder entrevistarlo.
Gracias Javi por comentar.
Saludos xxx