Un Día en la Plaza de Jemaa el Fna y Alrededores.

Normalmente antes de un viaje, trato de planificar qué quiero ver o visitar, intento entender el país y hacerme una idea de lo que me voy a encontrar allí. Pero esta vez, me fue imposible. Tenía mucho trabajo que terminar antes de partir y no tuve tiempo. Así que, me dispuse a viajar a Marruecos sin ninguna idea preconcebida, sin saber qué me iba a encontrar, ni qué iba a ver. Y fue genial poder observarlo todo con ojos puros y sorprenderme con lo que me esperaba en el destino, Marrakech.

Esta ciudad roja tiene muchos encantos, pero si hay algo imprescindible que hay que ver y conocer es la Plaza de Jemaa el Fna. Esta plaza es el corazón de Marrakech, el lugar más importante y emblemático de la medina, dónde todo confluye.

El Jamaa el Fna es el lugar desde el que se accede de forma fácil a todos los rincones del barrio antiguo. Esta plaza triangular, es todo un símbolo de la ciudad desde su fundación en el siglo XI, y uno de los principales espacios culturales de la ciudad. Rodeada de bares, hoteles y edificios públicos, la plaza es el escenario cotidiano de las actividades comerciales y sociales de Marrakech y una zona privilegiada donde ver la cultura y la tradición marroquí expresada a través de su religión, música y arte.

24h en la Plaza Jemaa el Fna

Llegamos de noche a Marrakech, un transfer nos recogió para llevarnos al Riad Up, la bella casa de Elsa, una paisana mallorquina que lleva viviendo en la ciudad más de 20 años. Su Riad es excelente, así como sus recomendaciones.

La Plaza Jemaa el Fna de día

A la mañana siguiente tras un suculento desayuno marroquí a base de mermeladas caseras, fruta fresca, zumo, yogur y crema de cacahuete con baghrir ¡Una completa delicia empezar así el día! Nos echamos a la calle, de inmediato nos dimos cuenta de que Marrakech es una ciudad muy viva, llena de energía, aunque tan sólo había pasado una semana del terremoto que azotó la ciudad.

Yamaa el Fna
Marrakech
Plaza de Marrakech

Edificios apuntalados, cascotes de piedra, un trasiego constante de gentes, un vendedor de perdices, un obrero con un asno cargado de materiales, jóvenes con motocicletas destartaladas y estridentes, pequeños puestos de venta ambulante. Un bullicio constante, bocinas, voces, música… Ojipláticos fuimos descubriendo la ciudad y sus calles hasta llegar a la plaza de Yamaa el Fna. Toda una explosión de vitalidad, mezcla de lo bueno y lo malo que se aúna en la abarrotada medina tan fascinante como paradójica.

Aunque en la mañana la plaza está más calmada, encasillar a Yamaa el Fna tan sólo como una plaza es quedarse corto, esta palabra no puede abarcar todo lo que allí sucede. Su nombre traducido al español significa algo así como, Asamblea de los Muertos término que está muy alejado de la realidad, no puede haber algo más vivo, es un universo repleto de olores, sonidos, sabores, colores y vida, mucha vida.

Tener la plaza ante tus ojos y descubrirla de pronto es impactante, cientos de cosas te llaman la atención. Te sientes un bereber almorávide, es como si hubieras retrocedido en el tiempo miles de años, adiestradores de monos que intentan que los turistas se saquen una foto con ellos a cambio de unos dírhams, encantadores de serpientes cuyo propósito es el mismo, tatuadoras de henna, dentistas exponiendo sus últimas piezas extraídas… un nuevo mundo apasionante y exótico se abre ante tus ojos.

Decidimos dar una vuelta por la plaza y empaparnos de su ambiente. Por un lado, veíamos a los guías a la caza del turista para mostrarles las bellezas de su ciudad, por el otro, jóvenes vestidos a la moda trataban de vender tarjetas de SIM internacional, mientras la policía daba un paseo a caballo y los coches de alquiler esperaban a sus clientes frente al Café de France. Lugar en el que el escritor Goytisolo se terminó de enamorar de la plaza, ayudándola a convertirse en el Espacio Cultural de la Unesco y Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que es hoy; al alentar a los marraquechíes a defender el orgullo de tener una plaza única en el mundo y al redactar el expediente que dio como resultado que la plaza fuera declarada bien inmaterial. Evitando así que terminara convertida en un centro comercial con parking subterráneo. Para el escritor « Djamaa el Fna es un símbolo de la cultura, del pensamiento, de la creatividad y de la lucha por los derechos humanos, así como una de las voces internacionales defensoras del diálogo y de la unión de civilizaciones y culturas »

Mezquita Marrakech
Mezquita La Kotubia
Marrakech Mezquita

Tras empaparnos de la historia, el ambiente y la importancia del mítico Café de France paseamos entre los puestos. Nos enamoraron los de esparto y rafia, también los de la artesanía del cuero, puestos de plantas, especias, caracoles… terminamos frente a los de elaboración de zumos, la fruta en Marruecos es una delicia y no pudimos resistirnos a probar el zumo de Chez Chrif situado en el puesto nº 30.

La vida en la plaza es prácticamente 24/7 inicia temprano en la mañana y se recoge tarde en la noche, así que cualquier momento es bueno para visitarla. Nosotros decidimos pasar todo un día allí tomándole el pulso a la vida y disfrutando de la magia y el espectáculo que es la plaza y sus aledaños.

Mientras recorremos la plaza con detalle, escuchamos una voz que se eleva sobre el rumor de Yamaa. Es el muecín llamando a los fieles a la oración desde el alminar de la Mezquita Kotubia que vigila la plaza. Así pues tomamos dirección a la zona suroeste, cerca de la Avenida Mohamed V, para visitar la mezquita más grande de la ciudad, cuyo alminar almohade de 75m, es el prototipo en el que se basaron para crear la Giralda de Sevilla. Recorremos los puestos de libreros y damos un agradable paseo entre palmeras por el Parque de Lalla Hasna hasta el Mausoleo de Kubba Fatima Zohra.

Ya son las 14:00h, el calor y el hambre aprietan, a esa hora cesa el tráfico de automóviles, motocicletas y caballos en la plaza. Buscamos el Callejón de Mechui en el lado este del zoco Ableuh, vamos a probar el cordero asado a fuego lento. El olor nos va guiando hasta una hilera de puestos donde los vendedores empiezan a trinchar humeantes costados de mechui. Nos decidimos por el puesto del Chez Lamine Hadj Mustapha, famoso por haber mostrado los secretos de su cocina al Chef Ramsey. Él mismo nos recibe a la puerta de su local, le pedimos el corte de la carne de la paletilla que es la más tierna y un nus que equivale a medio kilo de carne, con patatas fritas aparte. Entramos en el local que está hasta los topes, nos sentamos esperando a que nos sirvan, mientras conversamos con los lugareños que resultan muy amables. Finalmente el cordero llega a la mesa, servido en un papel de estraza blanco junto con pan recién horneado, que se hace servir para separar la carne del hueso. Mientras comemos, un niño de pie esperando con su madre a que les asignen mesa, no puede resistirse y coge unas patatas fritas de nuestro plato. Rompemos a reír.

Jardin de la Kotubia
Parque en Marrakech
Mezquita Marrakech

Después de comer decidimos dar un paseo por el laberinto de la medina, caminar sin rumbo fijo por los sinuosos callejones del casco antiguo de Marrakech es una auténtica experiencia sensorial. Es como entrar en la cueva de Alí Babá, collares de plata, bolsos y cinturones de cuero, babuchas, alfombras, lámparas, espejos elaborados con rafia, platos de cerámica, frutos secos, baklavas, jabones… y todo en venta. Un sinfín de colores naranjas y fresas, sabores dulces y especiados, olores a canela, miel y cúrcuma; sonidos de ajetreo, de vehículos, animales y turistas que se mezclan creando una atmósfera cautivadora. Las mejores calles comerciales son sin duda Souk Laksor que tiene rincones preciosos y donde puedes encontrar originales piezas, Derb Dabachi y Riad Ez Zitoun El Kedim.

Volvemos a Djamaa a reponer fuerzas, subimos a la terraza del Grand Balcón du Café Glacier a tomar un té a la menta con crepes de mantequilla y disfrutar de las maravillosas vistas de la explanada y del ir y venir de la gente.

Atardece, el cielo tras la Kutubia se tiñe de tonos rosados y naranjas, creando una atmósfera mágica. La plaza se llena cada vez de más puestos de comida y a la fauna diurna, se le suman extravagantes personajes, mendigos, saltimbanquis, escritores de cartas, aguadores del desierto, curanderos, tarotistas, dietistas que te pesan en sus básculas, músicos bereberes, danzarines, actores, contadores de historias que congregan a cientos de personas alrededor de sus candiles… La algarabía se incrementa, el sonido de las chirimías, junto con los tambores de gnaua y las panderetas va en aumento hasta hacernos ensordecer y ofrecernos una visión apocalíptica de la plaza propia de la película Mad Max. Momento en el que te dan ganas de gritar « ¡Señoras y señores, damas y caballeros no se pierdan el mayor espectáculo del mundo jamás visto, La plaza del Jamaa el Fna! »

Medina de Marrakech
Café Glacier
Restaurantes de Cordero

La Plaza Jemaa el Fna de Noche

Ya es completamente de noche. El centro de la explanada se convierte en un restaurante al aire libre repleto de humeantes y condimentados puestos de comida, que ofrecen especialidades culinarias locales como tayines, caldo picante de caracol, pescado y calamares, brochetas de carne, sopas… Los insistentes vendedores de los restaurantes te invitan a sentarte a cenar, decidimos probar el pescado frito del puesto nº 14.

Cenar y formar parte del ambiente de la plaza es extraordinario, la calidad es buena y el precio asequible. Además, las bombillas de los puestos, las vaporosas parrillas, la comida expuesta, las invitaciones a cenar… todo forma parte de una estudiada coreografía que te hace sentir única.

Tras la cena volvemos a pasear por la plaza, vamos a la zona de los quinqués, tratamos de integrarnos en uno de los corrillos donde los músicos muestran sus habilidades. Prometo que el corazón se acompasa con el sonido de los tambores para sentir el pálpito de la medina.

Vamos de un corrillo a otro, viendo, admirando, sorprendiéndonos con los oradores, pitonisas, bailarines, comerciantes de ungüentos mágicos y espabilados raterillos… así como con el Halga y su baile hipnótico en una plaza masificada.

Plaza Marrakech
Yamaa el Fna
Plaza Marrakech

Además hoy se celebra en la plaza el Festival Internacional de Folclore Mundial que sirve para promover y dar a conocer la cultura de diversos países del mundo. Unas actuaciones sorprendentes y llamativas que aportan más exotismo si cabe a la plaza. Nos encontramos con un grupo de folclore vasco, y cómo no… los españoles fuera de casa siempre hacemos patria, charlamos, conversamos e incluso tomamos algo juntos.

Lamentablemente en la plaza también podemos encontrar otro tipo de espectáculos más desagradables, como las peleas de gallos o las de boxeo callejero, sorprendentemente con menores, que hacen que se te encoja el corazón. Aún así, el Djamaa es especial, a diferencia de otras ciudades europeas cuyas plazas están rodeadas por edificios monumentales, aquí sólo encontramos tiendas y restaurantes, y no es porque Marrakech no entienda de palacios y lujos, todo lo contrario, sino porque es en esta plaza donde realmente se vive la auténtica ciudad.

Esta explanada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad cambia su ambientación del día a la noche como en una obra de teatro; con una diferencia, que ofrece un espectáculo ininterrumpido. Un espectáculo que ha cautivado a grandes cineastas como Alfred Hitchcook en El hombre que sabía demasiado o Pier Paolo Pasolini en Edipo Rey.

Y es que en Yamaa lo único que pasa es la vida. Se dice que quien no ha visitado al menos una vez la plaza de Jamaa el Fna, nunca podrá asegurar que ha vivido. Nosotros hoy nos hemos sumergido en ella.

¿Conoces esta plaza, la has visitado?

 

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